EL VIAJE DE EDUARDO

¡Hola a tod@s! Nuestro jefe de cocina Eduardo Espejo este Marzo de 2017 viajó a Japón durante 12 días visitando los diferentes lugares que este magnífico país esconde. Su primera parada una vez allí fué visitar una casa tradicional de comidas especializada en Ramen Shoyu, situada en Shibuya. Uno de los ingredientes esenciales para degustar un buen ramen és el fondo (caldo). Según cuenta, al probarlo le recordó a los cocidos tradicionales que  antaño podíamos encontrar también en nuestra gastronomía, ya que el fondo era tan sustancioso por la cantidad de carne y huesos con el que se elaboraba.

Una vez aclarada su idea para poder mejorar su receta de ramen, se desplazó al barrio de Ginza (Tokyo) donde pudo comer en uno de los mejores restaurantes  Yakiniku que alberga la ciudad. Concretamente en el restaurante Ginza Kobau, y en él degustó un menú exclusivo de 20 platos, todos ellos elaborados con la ternera japonesa Wagyu. Muchos de ellos resultaron ser muy impactantes, y le dieron ideas para llevar a cabo en nuestro restaurante, ya que tenemos la misma carne y de la misma calidad, de lo mejor.

Durante los siguientes días hizo paradas en diferentes restaurantes localizados en Tokyo y Kumamoto, al sur de Japón. Se empapó de platos típicos japoneses, como el Okonomiyaki (pizza japonesa), yakitori-bar, Izakayas (bar típico japonés) y probando todos los tipos de carnes que se pueden encontrar en la ciudad: diferentes partes del caballo, pollo, ternera, cerdo, etc.

Y como remate final en su viaje, no pudo no pararse en un muy buen restaurante de sushi japonés. Muchos de los ingredientes que probó nos cuenta que son muy diferentes a los que estamos acostumbrados aquí.  Uno de los productos estrella del restaurante es el Abalon, un cotizado molusco con una textura muy fina y sabroso al mismo tiempo. Y, el Congrio, de la familia de las anguilas. Es una carne muy gelatinosa y resulta muy agradable estofada y marcada en brasa, la cual fue acompañada por una salsa hecha a partir de sus propias espinas.

Pero no fue sólo un viaje de descubrimientos japoneses, Eduardo no pudo contener su sangre valenciana y en el sur de Japón realizó en uno de los campamentos afectados por el terremoto de Kumamoto unas paellas valencianas benéficas, las cuales fueron muy bien acogidas, y de paso, también él pudo enseñar parte de nuestra cultura gastronómica. Un viaje para no olvidar, y para repetir cuando se pueda.